Salud digestiva

Colitis ulcerosa y Crohn: cómo cambia la alimentación entre brote y remisión

La alimentación del brote y la de la remisión son casi opuestas. Aplicar la de una en la fase de la otra es el error más común.

Puré de calabaza y plátano en rodajas, de fácil digestión

Dos enfermedades, dos fases

La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son enfermedades inflamatorias intestinales distintas. El Crohn puede afectar cualquier tramo del tubo digestivo, en profundidad y de forma discontinua; la colitis ulcerosa afecta el colon de forma continua y superficial. Eso condiciona el manejo nutricional, sobre todo si hay resección quirúrgica previa.

Lo que ambas comparten es la alternancia entre fases de brote y fases de remisión, y ahí es donde se concentra el error más frecuente: aplicar durante años la dieta restrictiva del brote, cuando ya se está en remisión.

Alimentación en brote

Durante un brote el intestino está inflamado y el objetivo es reducir el trabajo que se le exige, sin caer en desnutrición. Las líneas generales:

  • Bajo residuo. Menos fibra insoluble: se retiran temporalmente cereales integrales, legumbres enteras, pieles y semillas.
  • Texturas simples y cocciones suaves. Hervido, vapor, horno. Se evita el frito y la parrilla.
  • Volumen pequeño, frecuencia mayor. Cinco o seis tomas pequeñas en lugar de tres grandes.
  • Proteína asegurada. Este es el punto crítico. La tentación en un brote es comer poco de todo, y ahí es donde se pierde músculo. La proteína no se restringe.
  • Lactosa según tolerancia. La intolerancia es frecuente durante el brote y muchas veces transitoria. No implica retirarla para siempre.
  • Hidratación cuidada. Con diarrea hay pérdida de líquidos y electrolitos que el agua sola no repone del todo.

Alimentación en remisión

Aquí el objetivo se invierte por completo. Ya no se trata de dar descanso al intestino sino de alimentar la microbiota y prevenir el siguiente brote:

  • Reintroducción progresiva de fibra, con prioridad en la fibra soluble y fermentable.
  • Recuperación de la variedad vegetal, que es lo que sostiene la diversidad microbiana.
  • Patrón de tipo mediterráneo, que tiene la mejor evidencia disponible en enfermedad inflamatoria intestinal en remisión.
  • Aporte proteico suficiente para reconstruir la masa muscular perdida durante el brote.
  • Corrección de déficits: hierro, vitamina B12 —sobre todo con afectación o resección de íleon terminal—, vitamina D, zinc y folato.

Mantener la dieta de brote durante la remisión es contraproducente: empobrece la microbiota, reduce la ingesta de compuestos antiinflamatorios de origen vegetal y perpetúa el déficit nutricional.

Cómo reintroducir la fibra

Con orden y sin prisa. Una secuencia que funciona en la práctica:

  1. Empezar por fibra soluble en alimentos cocidos y sin piel: zanahoria, calabaza, plátano maduro, avena bien cocida.
  2. Añadir legumbres en pequeña cantidad, pasadas por pasapurés al inicio para eliminar la piel.
  3. Incorporar fruta sin piel, luego con piel según tolerancia.
  4. Reintroducir cereales integrales, empezando por los de grano más fino.
  5. Por último, crudos y crucíferas.

Un alimento nuevo cada tres o cuatro días, en cantidad pequeña, anotando la respuesta. Si algo produce síntomas, se retrocede un paso y se reintenta más adelante: la tolerancia cambia con el tiempo.

El riesgo silencioso

La pérdida de masa musculoesquelética en enfermedad inflamatoria intestinal está mucho más extendida de lo que se diagnostica, y no se ve en la báscula. Confluyen tres factores: la inflamación crónica aumenta el catabolismo proteico, los períodos de brote reducen la ingesta, y los corticoides usados en el tratamiento tienen efecto catabólico sobre el músculo.

El resultado frecuente es un paciente con peso aparentemente normal y masa musculoesquelética baja, lo que se asocia a peor respuesta al tratamiento, más complicaciones postquirúrgicas y peor calidad de vida.

Medirla cambia el manejo. Una bioimpedancia médica segmentada permite seguir la masa muscular y el ángulo de fase, que en enfermedad crónica funciona como indicador de estado nutricional y se ha asociado con el pronóstico.

Lo que no hay que hacer

  • Retirar el gluten sin celiaquía confirmada. Solo se justifica si además hay enfermedad celíaca diagnosticada.
  • Mantener dieta de brote durante meses o años. Explicado arriba.
  • Seguir dietas de exclusión amplias encontradas en internet. Reducen la variedad, comprometen el aporte nutricional y no tienen respaldo.
  • Suspender el tratamiento médico porque «con la dieta estoy bien». La remisión clínica no equivale a remisión de la inflamación, y esa decisión es de tu gastroenterólogo.

Preguntas frecuentes

Alimentos de bajo residuo, texturas simples y cocciones suaves, en tomas pequeñas y frecuentes, asegurando siempre el aporte de proteína. Se retiran temporalmente los integrales, las legumbres enteras, las pieles y las semillas, y se cuida la reposición de líquidos y electrolitos.

No, salvo que además tengas enfermedad celíaca confirmada. Retirar el gluten sin indicación reduce la variedad de la dieta sin ningún beneficio demostrado en enfermedad inflamatoria intestinal.

Cuando el brote remite y los síntomas se estabilizan. La reintroducción es progresiva: primero fibra soluble en alimentos cocidos y sin piel, luego legumbres pasadas, después fruta con piel, cereales integrales y por último crudos y crucíferas. Un alimento nuevo cada tres o cuatro días.

En remisión sí, y es muy recomendable para proteger la masa muscular. En brote activo se adapta la carga. Lo importante es que la ingesta acompañe al entrenamiento: entrenar con déficit energético en esta condición acelera la pérdida de músculo.

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